— Desde la madrugada del martes 9 de abril, el perrito pinscher de color café permanece al pie de casa destrozada por el fuego
Rogelio Agustín
En un rincón de la colonia Villas del Sol, frente a la derruída vivienda que ocupaba la familia Román Cuica, un grupo de vecinos se quedó esperando el cortejo integrado por los cinco ferétros de las víctimas mortales del incendio del martes 9 de febrero.
Las madres de familia y los niños no estuvieron solos, casi en la entrada, un pequeño perrito de pelo color café, al que los vecinos conocen como “Canelo” permaneció frente a lo que hasta la noche del lunes, era la única puerta de acceso a la casa que ocupaba su familia.
Canelo es la mascota de los Román Cuica, el seguro compañero de juegos del pequeño Mateo y de sus hermanas.
Inocente, ansioso de volver a verlos, Canelo permanece ahí desde la madrugada en que se registró el incendio.
Se mueve entre las cenisas y el material chamuscado, mirando fijamente los restos carbonizados de lo que antes era una casa familiar.
Algunas veces se incorpora, camina de un punto hacia otro, olfatea, luego se recuesta con la mirada al frente y las orejas levantadas, en señal de que está a la espera.
Los vecinos le acercan agua, alimento, no tratan de desprenderlo del sitio, no por lo menos ahora en que saben, desde su instinto de ser sintiente, Canelo vive su propio duelo.
Es una víctima que enfrenta el abandono involuntario, pero también el único sobreviviente de una madrugada que ya es trágicamente inolvidable para la capital de Guerrero.