Sobreviviente de “La Noche de Iguala” insinúa que el militar infiltrado en Ayotzinapa esté vivo, también habla sobre la infiltración del plantel

— Manuel Vázquez Arellano, actualmente diputado federal, cuestiona que el Ejército haya permitido que uno de sus elementos fuera desaparecido
— ¿Está vivo y le cambiaron la identidad? Cuestiona
— Admite que el crimen, la guerrilla y las corrientes del magisterio han estado interesadas en controlar a la Normal Rural

Rogelio Agustín

El sobreviviente de “La noche de Iguala”, Manuel Vázquez Arellano insinuó la posibilidad de que Julio César López Patoltzin, el militar infiltrado como alumno en la Normal Rural de Ayotzinapa en realidad esté vivo, también reconoció que desde 2012 el crimen organizado ha estado interesado en asumir el control del plantel, como lo han intentado la guerrilla, los partidos políticos y las dos corrientes del magisterio.

En Chilpancingo, el también diputado federal anunció que antes de que se cumplan los 12 años de los ataques registrados en la cuna de la bandera nacional, presentará un libro titulado “Ayotzinapa, verdades incómodas”.

Vázquez Arellano relata que el texto fue impreso con apoyo del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (STUNAM), ya que el director del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo consideró que el proyecto no cumplía con los requisitos para ser editado.

En dicho libro, el ya dos veces legislador federal por Morena reconoce los límites que tuvo el movimiento normalista después de los hechos del 26 de septiembre de 2014, que derivaron en el asesinato de seis de sus compañeros y la desaparición de los 43.

También menciona las divisiones internas, los reclamos constantes hechos por los padres de los desaparecidos, reprochando el que hayan enviado a sus compañeros hacia la ciudad de Iguala para tomar autobuses.

“Nosotros (los dirigentes) aguantábamos los reclamos, los padres nos cuestionaban con dureza y hasta nos hacían llorar, no os creían cuando yo por ejemplo, les decía que estuve en contra de que se mandara a los compañeros de primer año a tomar autobuses”.

Si en aquel tiempo la confrontación interna no detonó, aseguró que fue por la asesoría y el acompañamiento de organismos no gubernamentales como Tlachinolla, el Centro Miguel Agustín Projuarez y el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), que les hicieron ver que en ese tipo de crisis, las víctimas suelen pelear entre sí al no tener resultados en sus reclamos, en este caso, la localización de los desaparecidos.

¿El Ejército sacrificó a su infiltrado o está vivo?

En el encuentro que Vázquez Arellano, que en 2014 se identificaba como “Omar García”, señala que él siempre ha defendido la versión de que en los hechos del 26 de septiembre de 2014 hubo participación de elementos del Ejército Mexicano, prueba de ello es que hay 16 soldados que actualmente se encuentran procesados por el caso.

“Yo estuve en la clínica Cristina, donde el capitán Martínez Crespo para decirnos que nos merecíamos lo que había pasado por revoltosos; él mismo ordenó que los teléfonos de los compañeros se dejaran en la recepción de la clínica y cada que uno sonaba, ordenaba que el dueño contestara y dijera que estaba bien”.

Sostiene que fue el entonces secretario general del comité estudiantil, David Flores Maldonado el que desobedeció la orden del militar y cuando timbró su teléfono celular, respondió a su hermano que se encontraba en Iguala, que lo tenían rodeado los militares y que le avisara al gobernador (Ángel Aguirre Rivero).

Fue entonces cuando la actitud del comandante Martínez Crespo se suavizó de manera casi radical.

Posteriormente habla sobre Julio César López Patoltzin, el elemento del Ejército Mexicano que se infiltró como estudiante en la Normal Rural Raúl Isidro Burgos.

¿Cómo es posible que una institución como la Sedena haya permitido que desaparecieran a su elemento? ¿Lo sacrificaron? ¿O está vivo y se lo llevaron a otro lado? ¿Le cambiaron la identidad y le prohibieron comunicarse hasta con su familia?
Ese tipo de insinuaciones e interrogantes, destacó que son consecuencia de no tener la certeza de lo que pasó esa noche.

El crimen, la guerrilla y hasta los partidos, siempre han querido infiltrar Ayotzinapa

Si bien reconoce que con regularidad admite que el Ejército infiltró a la normal rural, cuando se le pregunta si el crimen organizado en su momento logró meterse a las aulas, el legislador federal admite que responde le genera temor.

“No sé porqué se me hace fácil decir que el capitán Crespo estuvo ahí, pero decir que el crimen organizado es más complicado; para ustedes, para nosotros, para los presidentes municipales. La estadística de asesinatos a políticos y funcionarios”.

Sin embargo anota: “Yo sé que han intentado infiltrar a la Normal Rural de Ayotzinapa, lo sé porque lo viví en 2012, cuando unos compañeros andaban distribuyendo marihuana y unas cositas en bolsitas blancas y el comité los sancionó, el comité determinó que esos dos compañeros ya no tenían derecho al internado que solamente fueran a tomar clases y se retiraran, que ya no vivieran ahí”.

Continúa: “Así fue, pero luego regresaron con sus amigos, con sus cositas e instrumentos en mano (armas), entraron a la normal y se metieron hasta los dormitorios del secretario general y del secretario de actas, los golpearon y les dijeron que los tenían que restituir en el internado”.

El tema dijo que se trató en otra asamblea y se ratificó el acuerdo, pero durante varios meses los dirigentes se abstuvieron de salir con regularidad del plantel.

Indica: “Fue hasta ahí donde yo alcancé a ver, de ahí para acá no sé nada más”.

Sin embargo, en su libro relata que “toda institución, toda escuela, toda universidad y hasta las iglesias son territorios en disputa”.

Agrega: “Es un hecho que la guerrilla quiere tener incidencia en Ayotzinapa; sería tonto decir que no. El magisterio quiere tener incidencia en Ayotzinapa y también el sindicato charro, porque todos quieren tener más maestros y nuevos cuadros, entonces la pregunta es ¿Por qué no habría de querer meterse el crimen organizado? Si en todas partes se implica”.

En todo caso, dijo que es una gran responsabilidad de los comités en turno, evitar a toda costa que el crimen se apoderara de la institución, porque eso en realidad representaría un riesgo para el movimiento estudiantil.

Recordó que en 2014 se decía que la normal estaba infiltrada por “Los Rojos”, grupo delictivo que estaba enfrentado con “Guerreros Unidos”, el cual desató las agresiones contra sus compañeros.
A él mismo, por ser originario de Tlacotepec, recordó que en muchas ocasiones lo acusaron de tener relación con un grupo, lo que nunca le comprobaron.

Manuel Vázquez Arellano anticipa que su libro contiene verdades que no le gustarán a muchos, incluso, que puede herir algunas suceptibilidades.

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