— Pese al ataque con drones, Alcozacán no fue tomado por el grupo de civiles armados
— Mujeres y niños son mayoría en el refugio improvisado en la cancha techada de la comunidad
— Confirman que escaparon entre los cerros, con niños de la mano y algunos en brazos
— “No quiero volver a mi casa, todo está destruido”, señala una de las sobrevivientes
Rogelio Agustín
Durante seis días, el miedo se instaló en el corredor geográfico que integran las comunidades de Tula, Xicotlán, Acahuehuetlán y Alcozacán, a partir del despliegue desatado por el grupo de civiles armados al que los pobladores identifican como integrantes del grupo delictivo de “Los Ardillos”.
José Lorenzo Coxihuite Sánchez, comisario de Alcozacán, reconoce que nunca antes el miedo se apoderó de toda la comunidad, considerada como el bastión más importante de la autodefensa armada del Consejo Indígena y Popular del Estado de Guerrero (CIPOG).
Sobre la carretera que va hacia José Joaquín de Herrera, en la entrada principal de Alcozacan, los puestos de vigilancia y barricadas de piedra que durante más de seis años han resguardado a la localidad actualmente se encuentran vacíos.
Dentro de los puestos de resguardo quedan algunos vasos desechables al lado de botellas de refrescos de cola.
También hay algunos envases de cerveza vacíos y en el techo de lo que parece el puesto mayor se aprecia un boquete, el comisario asegura que fue provocado por un explosivo lanzado desde un dron, lo que provocó que ya no sintieran seguros y por esa razón decidieron moverse, buscar refugio en la parte alta.
“Son seis días que pasamos como nunca antes, casi ni comíamos y como pudimos nos organizamos para cuidar a la gente, porque ayer (lunes) decían que las autoridades llegarían pero no pudieron pasar en el Jagüey, ahí los atoraron”, anotó el representante de la comunidad.
Tomé a mis hijos y corrimos solo con la ropa puesta
Una mujer que llegó huyendo de Xicotlán, la segunda comunidad atacada, relata que el sábado por la tarde al escuchar los impactos de las balas tomó a sus tres hijos “uno de brazos y dos grandecitos” y caminó hacia el cerro para escapar.
En el camino fue alcanzada por su suegra y otros vecinos que no se detuvieron hasta llegar a la cancha techada de Alcozacán, donde la sensación de seguridad les duró solo unas horas.
“Estábamos aquí, cuando nos dijeron que ya venían entrando y se escucharon más disparos, entonces nuevamente decidimos correr hacia el cerro para escapar”.
Ella tiene un vestido azul, mandil gris con puntos blancos y un reboso verde, prendas que representan el único patrimonio que la acompaña desde la víspera del Día de la Madre, cuando lejos de festejo recibió una descarga de adrenalina y miedo que la empujó a caminar hacia los cerros.
De lo que pasó con su casa solo tiene comentarios, porque no ha podido comprobarlo, así que por el momento solo vive con una suposición: “Me dicen que nos quemaron la casa, no supe nada porque escapamos luego”.
Se le pregunta si está interesada en regresar cuanto antes a su casa, la respuesta no es la que se espera: “No quiero regresar, ya no, dicen que está todo bien destruido”.
No sabemos que quieren, estamos muy espantados
Otra mujer que rebasa los sesenta años asegura que para las personas de su edad, los conflictos que actualmente se viven resultan completamente extraños: “No sabemos quienes son esos señores, tampoco que quieren, no sabemos que hacer, estamos bien espantados.
“Yo dejé mi maíz, mi ropa, mis gallinas, mis marranos y mis chivos, se entiende que con la ropa que venimos es la que llevo desde el sábado, no sabemos que vamos a hacer”.
Impreciso, el número de desplazados y de víctimas mortales
El comisario José Lorenzo Coxihuite sostiene que los números que se han dado a conocer, en cuanto a la cantidad de desplazados no cuadran.
El tiene un registro de por lo menos 250 niños y una cantidad similar de adultos.
También señala que tiene un registro de dos personas muertas en los cerros de Alcozacán, más uno que hasta entrada la tarde permanecía tirado frente al Centro de Desarrollo Comunitario de Xicotlán, apenas cubierto por una lona.
La Fiscalía General del Estado (FGE) y el Servicio Médico Forense (SEMEFO) levantaron la mañana del lunes cuatro cadáveres tirados en la carretera federal Chilapa-Tlapa, a la altura de Papaxtla, que este martes el CIPOG confirmó que eran habitantes de Xicotlán.
Se suma el dato de seis personas heridas que hasta la noche del lunes permanecían en el hospital de Chilapa; dos mujeres adultas y cuatro menores de edad, dos de ellos de uno y seis meses de nacidos.
Aunque representantes del Gobierno del Estado y la Federación ya lograron pasar hasta Alcozacán, el temor prevalece en las cuatro comunidades atacadas, de ellas, por lo menos tres se permanecen vacías.
El crucero del Jagüey y está libre, en diferentes puntos se observa a personal de la Policía del Estado y la Guardia Nacional, incluso, en Alcozacán se encuentra estacionada un camión blindado tipo Black Mamba.
Sin embargo, entre los desplazados la sensación de temor persiste.