— Habitantes de Xicotlán aseguran que fueron los comunitarios liderados por Jesús Plácido los que desataron la violencia
— Solo diez familias han solicitado regresar a Tula
— Temen que una vez que se retiren las autoridades haya un rebrote de la violencia
Rogelio Agustín
Aunque Tula es la comunidad que registró más daños materiales durante los enfrentamientos registrados del 6 al 11 de mayo, Xicotlán es donde los pobladores se encuentran en una encrucijada, pues varios de ellos aseguran que la confrontación en realidad fue provocada por el Consejo Indígena y Popular del Estado de Guerrero Emiliano Zapata (CIPOG-EZ).
Xicotlán se ubica en el centro del territorio controlado por el CIPOG-EZ y la CRAC-PF, organizaciones a las que han respaldado desde su creación, situación que ha metido en un pleito no buscado con el grupo delictivo de “Los Ardillos”.
La jornada del jueves 14 de mayo, cuando los pobladores regresaban hacia Xicotlán, solicitaron que no se les grabara -ni siquiera la voz- para dar a conocer su versión de lo que vivieron durante los días de la refriega.
A diferencia de las comunicaciones iniciales, que consignaron la incursión del grupo delictivo de “Los Ardillos” en Tula para de ahí escalar hacia Xicotlán y Acahuehetlán, los desplazados que regresaron el jueves manifestaron que en realidad quienes comenzaron los ataques desde los cerros fueron los comunitarios del CIPOG-EZ y de la Policía Comunitaria de los Pueblos Fundadores.
La versión de un desplazado anónimo de Xicotlán, encuadra con lo dado a conocer por Clemencia Guevara Tejedor, dirigente del Frente de Defensa Popular (FDP), en el sentido de que dos días antes del 6 de mayo, los integrantes del CIPOG y de la CRAC-PF habrían atacado las comunidades de Zelocotitlán y Paraíso Tepila.
La fuente que se aferra al anonimato refiere que durante varios años, los dirigentes del CIPOG les han dicho que no deben pasar hacia la comunidad de Coatzingo, porque al ser una comunidad controlada por “Los Ardillos” serán asesinados por vivir en territorio comunitario.
En Xicotlán, señalan que desde 2018, aproximadamente, los varones están obligados a formar parte de la estructura del CIPOG o de la CRAC-PF, organizaciones aliadas porque ambas se integraron bajo e liderazgo de Cirino Plácido Valerio, papá de Jesús Plácido Galindo.
Dijo que recurrentemente son obligados a realizar bloqueos y montar guardias, precisamente cuidándose de las intervenciones del grupo antagónico.
El sábado 9 de mayo, en medio del fuego cruzado hubo familias que corrieron hacia Alcozacán, territorio del CIPOG y otros tomaron rumbo hacia Coatzingo.
“Teníamos miedo de que nos recibieran a balazos y nos mataran, pero nos trataron bien, nos ofrecieron comida y hasta nos acercaron un médico para que revisara a los que estaban lastimados”, indica.
El jueves se informó oficialmente el regreso de 118 pobladores de Xicotlán, de ellos por lo menos 100 estuvieron en Coatzingo, señalado por el CIPOG y la CRAC-PF como territorio Ardillo.
En estos momentos no se ha registrado ninguna represalia por la presencia en el lugar del personal del Ejército Mexicano, la Guardia Nacional y la Policía del Estado.
El miedo prevalece ante lo que puede pasar en el momento en que la vigilancia se retire.
Para el desplazado que accedió a dar su testimonio, mucho de lo dado a conocer durante los días 9, 10 y 11 de mayo no corresponde a la realidad.
Tula y sus vestigios
En Tula el gobierno de Guerrero reportó la quema de 23 casas y 21 viviendas más con afectaciones menores, además de cinco vehículos.
Al recorrer la zona se pudo constatar que las casas atacadas con fuego colapsaron casi en su totalidad.
Pero en dicha localidad hay más que viviendas en ruinas, un caballo muerto, y animales de crianza sueltos.
En el garaje de una obra negra de dos plantas se localizó uno de los cinco vehículos calcinados, se trata de una camioneta que antes de los ataques tenía un blindaje de alta resistencia, ahora presenta sus ventanas rotas y las llantas fueron consumidas totalmente por las llamas.
En otra vivienda se encontraron botas tácticas y motobombas, aunque estas pueden ser utilizadas en tareas del campo.
En la comisaría se localizaron diferentes documentos, uno de ellos llama la atención porque es un oficio de resguardo escrito a mano, con el que se informa del “decomiso” de un rifle de asalto Ak-47, de uso exclusivo del Ejército Mexicano.
El arma no se puso a disposición de las autoridades, como establece la ley.
El documento escrito a mano tiene fecha de 27 de enero de 2021 y cuenta con el sello de la comunidad, en el contenido dice lo siguiente: “El C. Marcos Hilario Rosario iso entrega El C. Alejandro Ahuejote Morales coordinador recibió un rifle Aka 47 estando Regunidos ante todos los siudadanos con el fin de que esta entrega queda de clarado ante la siodadania”.
En el registro de desplazados que tiene el Gobierno de Guerrero, solo hay diez jefes de familia que pretenden regresar a Tula.
La suma de viviendas 21 con daños parciales y 23 incendiadas, rebasa por mucho la cantidad de familias que hasta el momento han pedido regresar a dicha localidad.
Tula se encuentra a menos de cinco minutos del crucero del Jagüey, punto en el que inicia el camino hacia la zona territorial de Los Ardillos.
Un sobreviviente a cuatro emboscadas perpetradas contra habitantes de San Jerónimo Palantla, señala que Tula más que una comunidad habitada por campesinos era un punto importante de acopio de materiales para abastecer al CIPOG y la CRAC-PF, por eso es que sus adversarios actuaron con tanta fuerza durante los enfrenamientos de la semana pasada.