Sobreviven niños y niñas jornaleros entre surcos y abandono institucional

— Tlachinollan informó que más de 900 niñas, niños y adolescentes migraron este año a campos agrícolas del país

Rosario García Orozco

En el marco del Día del Niño, el Centro de Derechos Humanos de La Montaña, Tlachinollan denunció que mientras en muchas ciudades el 30 de abril se celebra a la infancia con festivales, juguetes y convivios escolares, cientos de niñas y niños indígenas de la Montaña de Guerrero pasaron esa festividad entre surcos de tomatillo, bajo el sol intenso y rodeados por jornadas de trabajo agrícola que comienzan desde temprana hora.

En una publicación que la organización hizo en su muro de Facebook, mencionó que en los campos de Nayarit y otros estados del país, menores originarios principalmente de comunidades na savi, me’phaa y nahuas acompañan a sus padres en las labores de cosecha.

Refirió que algunos menores ayudan a cerrar arpillas, otros cargan cubetas o permanecen acostados entre la tierra mientras sus padres trabajan a destajo para obtener unos pesos más.

De acuerdo con datos del Consejo de Jornaleros Agrícolas de la Montaña, del 1 de enero al 23 de abril de 2026, durante el último año migraron 2 mil 251 jornaleros guerrerenses hacia distintos campos agrícolas del país.

De ellos, 979 son niñas, niños y adolescentes: 370 tienen entre 0 y 5 años, 258 entre 6 y 11 años, y 351 entre 12 y 17 años.

El reporte agrega que los municipios con mayor expulsión de menores son Cochoapa el Grande, con 277; Copanatoyac, con 157; Tlapa, con 150; Metlatónoc, con 107, y Alcozauca, con 70.

La mayoría de las familias migrantes se trasladó a campos agrícolas de Michoacán, Sinaloa, Chihuahua, Baja California, Sonora, Jalisco y Nayarit, entre otros estados, donde enfrentan condiciones de alta precariedad.

El informe hace patente que el panorama educativo también refleja el abandono institucional, y es que de los 979 menores migrantes, 382 no estudian ni saben leer o escribir debido a la pobreza y al cierre de escuelas o falta de docentes en sus comunidades, mientras que 398 apenas cursaron parte de la primaria y sólo 80 continúan estudios de secundaria, en las zonas donde viven con sus padres como jornaleros.

El estudio reconoce que en muchos casos, las niñas y niños quedan fuera de los registros oficiales porque las familias viajan por cuenta propia en camionetas improvisadas, enfrentando largas jornadas de traslado, retenes y riesgos de inseguridad, por lo que las cifras reales son más altas.

Para el Consejo de Jornaleros Agrícolas de la Montaña en los campos agrícolas, las condiciones varían según la empresa contratante, ya que algunas ofrecen galeras y guarderías, pero en otras zonas conocidas como “rancherías” las familias deben rentar espacios improvisados y mantener a sus hijos dentro de los surcos durante toda la jornada laboral.

Niñas y niños de apenas 7 u 8 años comienzan a ayudar en el corte de tomatillo para aumentar el ingreso familiar y el pago depende de la cantidad cosechada y puede alcanzar entre 40 y 50 pesos por arpilla, aunque los menores trabajan a un ritmo menor que los adultos.

De esa manera la infancia transcurre entre tierra, calor y cansancio. Algunos pequeños juegan con ramas, plásticos o terrones mientras esperan que termine la jornada de sus padres. Otros cuidan a sus hermanos menores o intentan dormir bajo alguna sombra improvisada.

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